diumenge, 29 de gener de 2017

¡¡El reloj jamón funciona!!


Hace un tiempo, concretamente en octubre del año 2008 (tempus fugit!!) nos llamó poderosamente la atención un curioso reloj solar portátil con forma de jamón que se encontró en Portici, de modo que le dedicamos un post con la descripción detallada de su hallazgo y su uso.

Hoy vuelve a ser noticia porque el profesor Christopher Parslow de la universidad de Wesleyan ha logrado realizar una impresión en 3D lo que permite conocer con más claridad su funcionamiento.

Al reloj original le falta el gnomon, imprescindible para que funcione el reloj por lo que Parlosw lo añadió siguiendo el dibujo del siglo XVIII en que se describe por primera vez en el libro Antichitá di Ercolano  esposte (volumen III, prefacio).



Lo probó al aire libre dejándolo suspendido de manera que la sombra del gnomon cayera sobre la rejilla horaria grabada en el cuerpo del reloj…y funcionó!!!

En la imagen el reloj marca las nueve de la mañana



 Sin embargo debido a su pequeño tamaño y a que es un reloj de colgar, y por lo tanto inestable, no ofrece mucha exactitud. Es un reloj solar original que el profesor considera más un símbolo de status social que un instrumento de medida del tiempo en sí y lo compara con los sofisticados y caros relojes suizos de alto valor económico sirven más como ostentación de riqueza que como simples relojes.


En cuanto a la forma del reloj plantea que está relacionado con la filosofía epicúrea, y Kenneth Lapatin del museo J. Paul Getty dice que debe entenderse como una broma del estilo de “Disfruta la vida mientras la tienes porque vas a acabar como un jamón”

La fuente de la noticia es National Geographic que nos informa también de que éste y otros muchos relojes, calendarios, horóscopos y zodiacos se encuentran recogidos en una exposición Time and Cosmos in Greco-Roman Antiquity en el Institute for the Study of the Ancient Worldde Nueva York hasta el 23 de abril. Una buena razón para ir....


Salutem plurimam



diumenge, 22 de gener de 2017

Material en latín para AETATES HOMINIS


Podemos trabajar aspectos de vida cotidiana en clase sin descuidar el apartado de lengua y sintaxis acercando a nuestros alumnos a las costumbres romanas a través de textos en latín sobre estos temas. Por ejemplo con el libro de Ugo Enrico Paoli, CICERONIS FILIUS que es puerilis narratio ad domesticos Romanorum mores illustrandos in usu scholarum redacta



De esta manera logramos combinar adecuadamente dos objetivos importantes en nuestras clases. El texto como pretexto, que decía mi profesora de latín del instituto.

Ugo Enrico Paoli, lo conocemos sobre todo por su obra Urbs, la vida en la Roma antigua, un clásico para conocer la vida cotidiana en la antigüedad.

La obra de Paoli se puede descargar desde a través de la página de Vivarium Novum en su apartado de recursos para la práctica en el aula donde encontramos otros muchos trabajos de gran interés.
En esta ocasión nos centramos en Ciceronis Filius ya que trabaja apartados conectados directametente con la temática de nuestro taller Aetates Hominis. 
En él en se tratan temas como los vestidos, la casa, las comidas, lo viajes, los muebles y útiles domésticos, enfermedad, etc..
La relación de temas relativos a la infancia, el matrimonio y la muerte y la página en la que se hallan es la siguiente:


  • Nacimiento, tollere infantem, primeros cuidados, imposición del nombre y dies lustricus.  Página 1  a la 3 
  • Nuptiaepreparacion boda, sponsaliadextrarum iunctio. Página 15 a la 18
  • Cena nuptialis, rapto, deductio, pompa, "Ubi tu Gaius, ego Gaia". Páginas 29 a 30
  • Juegos infantiles. Páginas 32 a 34
  • Escuela. Páginas 35 a 37
  • Muerte. Páginas 52 a la 57


 Esperamos que os sea útil

Salutem plurimam


diumenge, 11 de desembre de 2016

Fíbula de Praeneste: la inscripción

La inscripción que aparece en la fíbula trajo consigo una serie de polémicas que, como con el objeto mismo, tenían que ver con su autenticidad. Es en este tipo de contextos donde la labor del filólogo resulta esencial para esclarecer, desde el punto de vista lingüístico, si el texto de la inscripción pudo ser falsificado en un momento en el que el estudio de la historia de la lengua latina estaba dando sus primeros pasos.

El texto ofrece datos lingüísticos y gráficos, en dos de sus cuatro palabras, fhefhaked y Numasioi, que no eran conocidos antes de 1887.


Inscripción Fíbula Preneste
El objeto habla en primera persona, fenómeno conocido tanto en el mundo griego arcaico como entre los etruscos y otros pueblos de la península itálica. El tipo de letra se corresponde con el de los alfabetos griegos y etruscos de época arcaica. Alan Blakeway señala que dicho alfabeto deriva directamente del que se usaba en Cumas hacia mediados del sigloVII a.C. Parece, además, que este tipo de letra es relativamente corriente en las inscripciones tempranas griegas y normal, aunque no exclusivo, en las etruscas.

Recientemente se ha relacionado la grafía de la fíbula con el llamado alfabeto ceretano arcaico, documentado en un área que comprende Cerveteri, Tarquinia y el campo falisco. Llama la atención que tanto Manios como Numasios aparezcan con un único nombre. El uso de un sólo nombre está documentado en la Etruria del período orientalizante en personajes de altonivel social. Manios debió de ser el donante del objeto.

La fíbula pudo pertenecer en vida al difunto y ser parte de la indumentaria con la que se le enterró, pero tampoco hay que descartar que fuera un regalo de despedida, una ofrenda funeraria. Manios es un gentilicio bien conocido en época clásica. Presenta desinencia -os, bien documentada en época arcaica, que aún no ha cerrado en -us. La desinencia -oi de dativo, en Numasioi, es bien conocida en griego y en osco y encaja perfectamente en el diasistema latino-falisco. Está atestiguada en latín arcaico, pero no se había identificado antes de su aparición en la fíbula – cuando Helbig presentó la pieza, Numasios era un unicum en la onomástica latina, lo que se utilizó como un argumento más a favor de la idea de la falsificación-. No se conocían paralelos de la forma sin haber sufrido aún rotacismo y debilitamiento y posterior cierre en e de la -a breve en sílaba interior en contacto con r que darán la forma Numerius del latín clásico.

Actualmente, está documentado el gentilicio etrusco Numasiana en una inscripción del s. VII a.C. procedente de Caere, dato que sustenta la existencia de la forma Numasioi que, como comenta P. Poccetti, ya era perfectamente plausible según la formación de nombres personales en -sio en latín y otras lenguas indoeuropeas de la península Itálica. Med, acusativo del pronombre de primera persona, aparece con normalidad en inscripciones arcaicas.

Pero la forma realmente singular es el perfecto reduplicado fefaked. La desinencia -ed está documentada en las inscripciones latinas arcaicas. Sin embargo, el tema verbal caracterizado con reduplicación hace que esta forma del perfecto de facere sea absolutamente única en latín. Es cierto que quedan restos de reduplicación en otros perfectos y que hoy por hoy están documentadas en gran parte del ámbito itálico formas reduplicadas del verbo facere. Estas formas respaldan, al menos en teoría, la existencia de una forma latina fefaked.

Guarducci cree que el falsificador, queriendo crear una inscripción más arcaica que la de Duenos, se sirvió de las formas oscas para introducir fefaked. Pero para esto habría que suponer también que Helbig, que no era gramático, debía de tener conocimientos de osco y gramática comparada, que eran demasiado avanzados para su época, y que le hubieran permitido deducir, a partir de las formas de la tabula Bantina, que existió en latín un perfecto reduplicado de facere.

Tabula Bantina

Otros investigadores sostienen la imposibilidad de reconstruir un perfecto fefaked anterior a feked, que es la forma atestiguada en el vaso de Duenos. En latín, feced deriva de un aoristo que se corresponde con el griego ἔθηκε y, en consecuencia, fecit no podría provenir de una forma reduplicada. Sin embargo, hallazgos recientes han traído a la luz la forma del perfecto falisco faced que permite deducir la existencia de formaciones de perfecto con grado apofónico de la raíz, es decir, la forma fefaked tiene que ser vista como una forma no romana, entenderse como una innovación procedente de un área lingüística donde el tipo de perfecto con reduplicación predominaba sobre las otras formas.  
El latín de Preneste no era como el de Roma. Por su posición entre oscos y latinos, el dialecto prenestino debió de absorber rasgos lingüísticos de las comunidades colindantes y así se explicarían formas como fefaked importadas de alguna otra lengua itálica. Es interesante que la reduplicación aparezca separada del radical por un signo de interpunción consistente en tres puntos, a diferencia de las demás palabras del epígrafe que aparecen separadas entre sí por dos puntos. El fenómeno de la interpunción, habitual en la epigrafía latina, aparece a veces en inscripciones griegas arcaicas y muy frecuentemente en inscripciones etruscas de todos los períodos, pero sólo se conoce un ejemplo, en falisco – pe:parai-, en el que una reduplicación esté separada de su radical por tres puntos. Esta forma fue descubierta en 1889, después de la publicación de la fíbula, por lo que es del todo improbable que pudiera haber servido de modelo para una supuesta falsificación.  
Como influencia etrusca se explica también el empleo de k ante e. Aunque el fenómeno no está bien documentado, parece que la irregularidad en el uso de C, K y Q en etrusco era frecuente en la época en la que se data la fíbula. Respecto al empleo del dígrafo Fh para representar la fricativa labio-dental sorda, se trata de un fenómeno único en latín, exceptuando la inscripción del Foro (CIL I 2, 1) en la que aparece okafhas, de interpretación muy discutida. Sin embargo, en algunas inscripciones en véneto y etrusco arcaico aparece el mismo grupo fh con el valor fonético que tiene en esta fíbula. En véneto, el hecho de que se usen indistintamente fh/hf para expresar /f/ es completamente regular.  
Lapis Niger

Igualmente en etrusco se emplean indistintamente las grafías vh/hv para representar el sonido /f/. Pero el valor fonético que tiene el dígrafo fh en estas inscripciones no se conoció hasta 1888, un año después de la aparición de la fíbula. Y es precisamente la presencia de esta grafía en la inscripción la prueba determinante para algunos investigadores de la autenticidad de la fíbula, pues el valor fonético del grupo fh pudo explicarse sólo a raíz de la publicación de Helbig y Dümmler.  
Ni Helbig, que no era gramático, ni nadie en aquel tiempo hubiera podido estar en posesión de los conocimientos suficientes para condensar en tan pocas palabras tantas peculiaridades lingüísticas que solo luego se llegarían a conocer. Posiblemente sean el extenso trabajo y el prestigio de Guarducci lo que más ha contribuido a difundir la idea de la falsedad de la fíbula. La polémica sobre la fíbula de Preneste es un buen ejemplo de cómo los argumentos científicos se mezclan con facilidad con el prestigio y la auctoritas de las personas que se imponen en el debate, a pesar de que resulta difícil separar los intereses y las rencillas personales de los razonamientos científicos.  
Las antiguas inscripciones no pudieron ser valoradas en su justa medida, es decir, la lingüística, hasta que los conocimientos científicos lo hicieron posible. La fíbula de Preneste, de haberse conocido ya a finales del siglo XVIII, no hubiera sido más que un testimonio de la primitiva barbarie de la lengua latina. Sin el adecuado marco epistemológico la pieza puede perder todo su valor y deja de ser un hecho estudiable. Tan importante como que un documento sea o no verdadero es que la Ciencia oficial pase a legitimarlo. Desde el punto de vista epigráfico, el CIL recogió la fíbula, mientras que en la nueva disciplina que constituye la lingüística latina la pieza pasó a formar parte del nuevo relato de la historia de la lengua. El texto de la fíbula de Preneste es interesante sobre todo para los estudiosos de la historia de la lengua latina y no tanto para los de la historia de la literatura romana. Estos dos paradigmas, el de la lingüística histórica del latín y el de la historia de la literatura romana, se separaron, precisamente, a finales del siglo XIX. Por lo que hace a esta fíbula, se combina perfectamente tanto el componente meramente material (el objeto en sí, la forma de la inscripción y el contenido de la inscripción) como el interpretativo (la nueva lingüística histórica del latín), al margen de su autenticidad o falsedad. 




diumenge, 27 de novembre de 2016

LA FÍBULA DE PRAENESTE


La fíbula prenestina, llamada así por el lugar en el que se halló – la antigua Praeneste-, es una fíbula de oro de arco serpenteante que mide 10'7 cm. de longitud y 2'5 de altura y que contiene la inscripción – grabada con gubia de derecha a izquierda,algo habitual en las inscripciones latinas arcaicas – Manios : med : Fhe : Fhaked : Numasioi, equivalente en latín clásico a Manios me fecit Numerio: «Manio me hizo para Numerio». Tradicionalmente, la pieza se ha fechado entre finales del siglo VII y principios del VI a.C., es decir, anterior al que por entonces era considerando el texto más antiguo conservado en latín, la inscripción del Vaso Duenos.





La fíbula fue publicada por Wolfgang Helbig y Ferdinand Dümmler en 1887, pero estuvo envuelta en polémica respecto a su autenticidad desde el primer momento por su oscura procedencia y su texto lleno de arcaísmos mezclados con dialectismos. La ausencia de un contexto arqueológico claro, diversos puntos inconexos y algunas contradicciones en la historia de la pieza impiden que se sepa con seguridad dónde apareció y qué sucedió desde el momento de su hallazgo hasta el de su publicación el 7 de enero de 1887 en un encuentro celebrado en el Instituto Arqueológico Alemán de Roma.

La joya llamó la atención por el carácter extraordinario de la inscripción grabada sobre la mortaja y que se estaba dando a conocer como la más antigua de las inscripciones en latín conocidas hasta el momento. La comunicación que hicieron Helbig y Dümmler fue publicada el 26 de enero de ese mismo año en la Wochenschrift für klassische Philologie. En el artículo, Helbig afirmaba que la fíbula se había encontrado en una sepultura de los alrededores de Palestrina, del mismo tipo que la tumba Bernardini y similar a la conocida como tumba Regolini-Galassi de Caere. La datación que hizo entonces, siglo VI a.C., ha sufrido actualmente un cambio de acuerdo con una más correcta datación de la tumba Bernardini, el 670 a.C. Se hizo otra publicación en los Rendiconti dell’Accademia Nazionale dei Lincei, donde Helbig también había presentado la fíbula el 16 de enero. Poco después, ese mismo año, en una nueva publicación añadió a lo que ya había dicho algunas variantes. Contó entonces que un amigo suyo, cuyo nombre no facilitó, la había comprado en 1871 en Palestrina y declaraba que no conocía la tumba en la que se había encontrado, pero comparaba su pieza con otras fíbulas similares, sin inscripción, halladas en las tumbas Barberini y Bernardini, descubiertas en Palestrina en 1855 y 1876, respectivamente.

MANIOS MED FHEFHAKED NVMASIOI

El primero en declarar con claridad que la pieza provenía de la tumba Bernardini fue Georg Karo, en 1898. En una carta escrita el 21 de diciembre de 1900 y dirigida a Luigi Pigorini, director del Museo Prehistórico y Etnográfico de Roma, afirmó que, según los datos que le había revelado Helbig, Francesco Martinetti, anticuario de profesión, había comprado la fíbula al jefe de las excavaciones de Palestrina quien, a su vez, le aseguró que había sido robada de la tumba Bernardini. Helbig no habría querido divulgar la noticia hasta entonces porque aún vivían las personas implicadas en el robo. Pero el verdadero problema es que la tumba Bernardini se excavó seis años antes de la fecha en la que, según Helbig, se compró la fíbula. Según G. Colonna, la fíbula fue luego donada por Martinetti al Museo Villa Giulia en 1889, el mismo año de la fundación de esta institución. Pigorini, tras recibir la carta de Karo, pidió oficialmente a la Dirección General de la Antigüedad la transferencia de la fíbula al museo que él dirigía para unirla al conjunto de la tumba Bernardini. En 1901, la fíbula fue transferida al Museo Prehistórico y Etnográfico. No obstante, Giovanni Pinza, en 1905, C. Densmore Curtis, en 1919, y el mismo Karo, en 1925, expresaron sus reticencias a creer que la pieza perteneciera a la tumba Bernardini, de manera que, en 1960, cuando la tumba fue trasladada al Villa Giulia, la fíbula permaneció en el Museo Pigorini.

Esta aparente ausencia de rigurosidad científica y el oscurantismo que rodeaba la pieza fue lo que, en 1980, llevó a Margherita Guarducci, en su trabajo La cosiddetta Fibula Prenestina, a lanzar la hipótesis de la falsedad de la fíbula y a acusar a Helbig de ser el autor de una falsificación integral, tanto de la pieza como de la inscripción, llevado por un afán de notoriedad científica y lucro económico. Guarducci fue rotunda y aportó numerosos argumentos, pero estos eran poco científicos y nada contrastados y obviaban los datos gráficos, fonéticos y morfológicos que el texto proporcionaba en relación con su cronología. Fue este carácter del texto el que animó a P. Flobert, en 1991, a llevar a cabo un riguroso análisis de la inscripción, después del cual se declaró partidario de su autenticidad.

La pieza fue objeto, a lo largo de los años, de numerosos análisis físicos y lingüísticos que nunca fueron concluyentes puesto que las condiciones adecuadas para valorarlo no se darían hasta mucho más tarde, gracias a los avances científicos. La misma Guarducci encargó pruebas grafológicas, para comparar la escritura de la fíbula con la de algunos manuscritos de Helbig, con las que se aventuró a concluir que se podía asserire con certezza che è stata la mano dello Helbig a tracciare la scritta della Fibula Prenestina. A favor de esta hipótesis se sumaron estudiosos como W. Belardi, P. G. Guzzo, H. Jucker, D. Ridgway, R. Lazzeroni y M. Moltesen; otros, en cambio, prerieron no pronunciarse, como A. E. Gordon o Fulvia Lo Schiavo, que, tras un estudio tipológico, afirmó que la fíbula era un unicum, pero perfectamente coherente y plausible. Otros estudiosos estimaro también difícil que se tratara de una falsificación, entre ellos, G. Colonna, H. Krummrey y C. Trümpy, que, basando su estudio en el texto del epígrafe y aportando un estudio lingüístico, concluyó que era imposible que alguien lo hubiera inventado en 1886.



Como se afirma en Javier Martínez (ed), Mundus vult decipi. Estudios interdisciplinares sobre falsificación textual y literaria, Madrid, Ediciones Clásicas, 2012, pp. 127-136 ISBN: 84-7882-738-2, «Hacia 1887 ya se manejaban conocimientos suficientes de latín dialectal y arcaico como para poder determinar si la fíbula y su inscripción eran o no auténticas. Si la presentación pública del documento se hubiera realizado a finales del siglo XVIII o a comienzos del XIX, cuando todavía no se habían desarrollado los estudios de gramática histórico-comparada de las lenguas antiguas, nunca hubiera habido dudas acerca de su autenticidad.»

Respecto a los análisis físicos de que fue objeto, los primeros – ninguno de ellos científicamente concluyente, como ya se ha dicho, y obviando todos las evidencias proporcionadas por el texto – los promovió también Margherita Guarducci a principios de los años ochenta. El primer análisis lo llevó a cabo el profesor Guido Cellini, que, según Guarducci tenía mucha experiencia en objetos antiguos, con la ayuda de lentes de aumento. La conclusión, basada en razonamientos tipológicos relacionados con la rigidez del oro y con la observación de zonas erosionadas que podrían ser atribuibles a la acción de ácidos aplicados por el falsificador, fue que el objeto era una falsificación. El otro examen promovido por Guarducci fue del profesor Guido Devoto, que, con la ayuda de un microscopio, determinó que la fíbula é un’abile falsificazione moderna. Estos exámenes se limitaron al microscopio y microfotografías cuyos resultados, en comparación con los obtenidos del examen de otros objetos de oro antiguos, dieron como conclusión que se trataba de una falsificación. Pero la pieza se sometió también, en dos ocasiones, a análisis de fluorescencia X.

Estos análisis, que determinan la composición del oro, dieron como resultado que el metal de la fíbula de Preneste tiene una alta concentración de este metal, plata en menor medida y un mínimo de cobre. Composición muy similar a la de otra fíbula de la tumba Bernardini. La profesora Fulvia Lo Schiavo y el profesor Gian Luigi Carancini no creyeron que hubiera argumentos suficientes, basándose en la tipología de la pieza, que permitieran descartar su autenticidad. Lo Schiavo puso de manifiesto que, de la confrontación de las características técnicas de la fíbula con otras de similares características, se extraía que esta encajaba perfectamente en el grupo de fíbulas de arco serpenteante datables entre finales del VIII y el primer cuarto del VII. Se añade a esto que la fíbula prenestina presenta la mayor afinidad con la otra fíbula de la tumba Bernardini, de la cual se puede considerar una variante arricchita. Lo Schiavo y Carancini, pues, concluyeron que es perfectamente coherente desde el punto de vista tipológico y de la técnica de fabricación considerar la fíbula de Preneste un ejemplar único en su especie, pero no una falsificación.

En 1992, Edilberto Formigli publicó los resultados de un nuevo análisis de la pieza, llegando a la conclusión de que a simple vista había ciertos elementos que podían respaldar la tesis de la falsedad, pero, cuando se observa al microscopio óptico la superficie del metal, en ciertas partes de la pieza se advierte la presencia de pequeños granos de color plateado. Los análisis demuestran que se trata de una inclusión de osmio-iridio, un material que se encuentra frecuentemente en el oro de manufacturas antiguas y que no aparece en el oro moderno. Su presencia se considera una prueba de autenticidad de la pieza. La dureza de éstas hace que no se disuelvan completamente durante la primera fusión del metal. Más tarde, durante las operaciones de refinamiento de la pieza, las inclusiones que se encuentran en la capa más externa del metal quedan a la vista. Por tanto, la pieza no hubiera podido formarse a partir de una refundición de oros antiguos, pues la probabilidad de que los gránulos de osmio-iridio no se fundan en sucesivas refundiciones y vuelvan a la superficie del metal es mínima. Las concreciones grisáceas localizadas en el interior del tubo transversal que, según el análisis, son un compuesto de materiales orgánicos varios y que fueron considerados por Cellini y Guarducci como un intento del falsificador de envejecer el aspecto de la fíbula, resultan ser en realidad restos de la pasta que usan los fotógrafos para fijar la posición de los objetos pequeños durante las sesiones fotográficas. Como decía Devoto en su análisis, no se observa sobre la superficie de la fíbula prenestina la micro estructura granular que presentan piezas de oro antiguas. Sin embargo, Formigli subraya que se trata de zonas frecuentemente manipuladas desde su descubrimiento hasta nuestros días y que existen zonas de la fíbula donde la estructura superficial es exactamente la que corresponde a un objeto antiguo. Además, la superficie de la pieza ha sido dañada en varias ocasiones con agentes corrosivos aplicados por los restauradores.

En relación con la autenticidad de la inscripción se dice que los ataques químicos se repitieron al menos dos veces, antes y después de la ejecución de la inscripción. Formigli no apoya esta opinión y añade que incluso es posible que en alguna restauración se hayan repasado las letras de la inscripción antigua. En vista de todo esto, queda claro que la fíbula prenestina no es un objeto cuyo análisis a simple vista pueda poner en evidencia sus secretos. Tiene una historia compleja, en la que intervienen daños, manipulaciones, reparaciones y retoques. Por tanto, un objeto con una historia tan compleja, dice Formigli, non può essere giudicato facilmente dopo alcune superficiali indagini esopralluoghi comme quelli elencati dalla Guarducci, anche se avessero preso parte i migliori specialisti del campo. Después de un largo proceso de investigación, numerosos análisis y una interpretación objetiva de los resultados, Formigli afirma que la fíbula está completamente libre de las sospechas de falsedad.



Respecto al problema de la inscripción, en vista de las manipulaciones que ha sufrido el objeto y la superficie donde se encuentra la inscripción, duda que con métodos arqueométricos se pueda llegar a una conclusión realmente definitiva. En los 90 había quedado a salvo la autenticidad del objeto; solo quedaba por determinar, con pruebas científicamente concluyentes, la datación de la inscripción. Y Formigli, restaurador y profesor universitario de Ciencias Aplicadas a los Bienes Culturales, junto con Daniela Ferro, química del Instituto Italiano para el estudio de los materiales nanoestructurados, avanzó en los análisis hasta poder presentar en junio de 2011 unos resultados científicamente incontestables, según los cuales tanto la fíbula como su inscripción son auténticos y pueden datarse en la primera mitad del siglo VII a.C. Las nuevas técnicas analíticas aplicadas permitieron acceder a zonas de la superficie más pequeñas que las observadas en décadas anteriores. La observación específica por medio de SEM (Scanning Electron Microscope) y el consiguiente análisis detallado, físico y químico en el interior de las incisiones evidenciaron micro-cristalizaciones en la superficie del oro, lo que solo puede producirse pasados muchos siglos desde la fusión. De ninguna manera, pues, ni Helbig ni ningún otro, pudieron haber realizado tal falsificación; tanto la joya como la inscripción son auténticas, siendo las marcas y manchas de la superficie el resultado de operaciones de limpieza y restauración realizadas por manos inexpertas a lo largo de la historia. En palabras de D. Ferro:

«Es una pieza de alta joyería, hecha en la parte del soporte con una lámina con alto contenido en oro, un material dúctil para ser grabado con la punta de un estilo. La inscripción se realizó de la misma manera. También han sido identificadas las reparaciones efectuadas antiguamente, como la presencia de un pan de oro para ocultar una pequeña fractura, mientras que el uso de una amalgama de oro para reforzar la parte móvil de la lengüeta podría ser reciente. Es improbable que un falsificador haya podido operar en las particularidades de elaboración y el uso de aleaciones del oro en un período en el que el conocimiento de los procedimientos de la orfebrería etrusca no eran particularmente conocidos en detalle, en cuyo caso habrían podido ser detectados con los más sofisticados instrumentos tecnológicos.»

Respecto al texto inscrito, es la filología la disciplina que aporta las pruebas indiscutibles de la autenticidad del documento. Algo que veremos en el próximo post.

Fuente: Sobre la autenticidad de la fíbula preneste. Las evidencias del texto y su confirmación científica.